Estaba el buen Vale muy malhumorado, porque a pesar de sus grandes dotes en el manejo del taco y del stick, perdía reñida jugada de billar con el temible Jorge Cuellar, la catrina pretenciosa con sus animas aposto que con buen o mal humor al Vale se lo llevaría directito al panteón y así aconteció cayendo directito al agujero.
Ahora en el cementerio se encuentra, recordando triunfos pasados, a los muertos y a las muertas ya los tiene fastidiados.
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viernes, 30 de octubre de 2009
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