martes, 3 de noviembre de 2009

Rosa María Alatorre

Sentada Rosita, ideando un plan estaba, desesperada, que la cura para el mal del sueño del abuelito buscaba, pues ni con nueve desviaciones, dos distribuciones gama, un perico y dos campanas lograba que despertara.

Ya cansada de idear, probar y fallar, que un grito desesperado fue a dar, muy fuerte y sonoro se oyó que a la muerte despertó pero al abuelito no, la calaca muy moleta al lugar fue a investigar pues con tanto algarabío ya no podía descansar.

Sentadita la encontró en su banco de pino verde, con su bolso de piel marrón sus zapatos de tacón y su vestido de domingo (perdón esta es una canción, no es Penélope, es Rosita).

Al llegar a la oficina, muy cordial se presento, “Buenas noches, Rosita” un tono macabro se oyó y sin mediar mas palabra a su lado se sentó, Rosita, porque así es su educación, a tan fúnebre saludo con mucho respeto ella también respondió. (sin el mismo tono eh?)

Te veo muy cansada, la huesuda argumento y sin tener más opción Rosita la causa le platico, no te apures la catrina comento, que para el mal de ese muchocho la solución la tengo yo.

Con negras intenciones un descanso le ofreció, y sin más complicaciones al panteón se la llevo y cuál fue su sorpresa que al abuelito ahí se lo encontró.

Elaborada por: José Inés Zúñiga

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